domingo, 4 de enero de 2009

Nº 10 2º-A

domingo, 4 de enero de 2009
Una pequeña y vieja puerta separaba el mundo interior de aquel edificio de la ruidosa y transitada calle. No hacía falta llave alguna para abrirla, cerraba mal y siempre estaba entreabierta. Adentro, un portal sombrío dejaba ver al fondo una estrecha y fría escalera de mármol. Sin duda alguna era un edificio viejo. Las paredes desconchadas y la humedad retenida en sus muros nunca correspondieron con lo que se escondía detrás del 2º A.
Un inmenso salón con un gran ventanal daban la bienvenida tras abrir la puerta. Cómodos sofás y sillones, largas cortinas y una gran mesa decoraban ese salón. A él daban dos pasillos estrechos en los que se encontraban las entradas a los dormitorios, amplias estancias con grandes armarios, medianas mesas y pequeñas camas; y balcones, todos los dormitorios tenían balcones.
Era un lugar en el que mereció la pena vivir.
Allí pasé muchos de los mejores momentos de mi vida.
Grandes reuniones, magníficas comidas, discusiones, risas, encuentros y despedidas...
Por allí pasaron personas que no volveré a ver. Y personas que deseo volverme a encontrar.
Allí aprendí. Allí maduré.
En aquellos sillones hablamos, bromeamos, lloramos.
Por aquellos balcones observamos la rutina de la calle.
Por ese colchón pasaron amantes olvidados...
¿Y me preguntas por qué lloro cuando paro frente a esa puerta?
Lloro porque detrás está parte de mi vida, parte de aquella vida que nunca recuperaré.
Lloro porque no puedo volver a esos momentos y disfrutarlos de nuevo.
Lloro porque todo aquello acabó.

3 comentarios:

Almendra Puck dijo...

tiaaa, te han desahuciado? (se escribe así :S) Ayyyyy, los amantes del colchón.... yo no digo naaa.
Ta chulo, ta chulo, sigue sigue

Isabella Gispert dijo...

Me alegro de q te guste :D

Don gato dijo...

Llorar es la sensación más apacigudora de la vida. Amo llorar. Disfruto con la sensación que me queda después de llorar. He estado en casas como la que cuentas que sabes que allí hubieron cosas inimaginables y tu cabeza empieza a elaborar unos planes sobre qué pasó y cómo. Esas cosas, junto con llorar, son las cosas que hacen que sepas que sigues vivo, y que no eres una marioneta en manos de un Dios desconsiderado, que deja con vida a algunos y mata a niños... Somos seres humanos, y como tal elegimos en cada momento qué hacer o decir, y por eso me reitero en que llorar es un placer más... como el sexo, el comer o el beber. Reivindiquemos la acción de llorar y hagámoslo cuando lo necesitemos.